El honor que NO se divisa

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En los convulsos días que corren, signados todos ellos por ese inmenso océano de oscura incertidumbre y por una dolorosa intolerancia, florece entre nosotros un detestable y pernicioso hábito. Un rito oscuro que es cultivado con un patético esmero por parte de las autoridades militares, por sus pares policiales, así como por esos violentos adláteres del poder, que son mal llamados colectivos, cuando ciertamente son fuerzas paramilitares al servicio del partido de gobierno. Se trata de la agresión sistemática y recurrente contra los periodistas. Embestida que es ejercida con una enfermiza impunidad, con pasmosa crueldad, con una  abyecta procacidad por los hombres de uniforme. Su propósito vulnerar y lesionar la integridad física -sin distinguir géneros- de los periodistas en funciones profesionales. Nada más.

Presenciamos, una mezcla demeritada del Big Brohter Orwelliano con un Atila Tropical, travestido en un paranoico disfuncional. En este martes 16 de Mayo, nuevamente la GNB violentó el derecho que asiste a los profesionales de la comunicación de este país a estar presentes en las deliberaciones que se generan en el legitimo parlamento venezolano. Agredieron por igual a los periodistas allí presentes, así como a los diputados que exigieron respeto para el fuero profesionales de nuestros hermanos de oficio así como también a los ciudadanos que atonitos presenciaron el violento sainete. No hubo distinción en la vesania de estos actos.

Hace algunos días, bajo la mirada cómplice de los mismos efectivos militares  grupos paramilitares afectos al gobierno, en el estado Vargas, secuestraron a un equipo reporteril de Vive TV, impidiendo que cumplieran con sus tareas profesionales. El incidente se suscitó durante la cobertura de una manifestación de médicos en esa entidad, que exigían mejores condiciones para llevar a cabo su trabajo de salvar vidas en esos precarios hospitales. La lista de agresiones y perversas actitudes con los hombres y mujeres de la prensa por parte de este cuerpo militar, prosiguen a discreción. Ellas por si mismas bastarían para escribir una segunda parte aumentada y corregida de la Historia Mundial de la Infamia, o en su defecto El Libro Negro de las Violaciones Sistemáticas a la Libertad de Expresión.

En los tiempos de la Republica Civil, era común y visto como un  acto de entendida civilidad, que en el día de la Guardia Nacional se entregarán reconocimientos a los reporteros que cubrían la fuente militar y demás actividades de ese componente militar. Esos reconocimientos también se hacían extensivos a los directivos de los medios y sus ejecutivos en los mas diversos niveles, gesto que incluía a todos los medios de comunicación del país.

Igualmente el día del periodista, cercano por cierto, sucedía un tanto igual. El mundo de la rígida estructura militar reconocía en los profesionales de la comunicación sus valiosos aportes a la necesaria y urgente gobernabilidad del país, al derecho a la información y la libertad de expresión como valores consustanciales de la vida en democracia. Para hacer patente ese acto de reconocimiento se acreditaban en abundancia suficiente múltiples méritos, cuantía de botones, medallas , bandas, diplomas así como discursos de meliflua prosa.

A la luz de los últimos acontecimientos y constatando por los hechos acaecidos durante este día el poco mérito que hoy día la GNB acredita al trabajo del periodista sería muy conveniente, ya cercana nuestra fecha de celebración el 27 de Junio, que todo aquel profesional de la comunicación que alguna vez recibió reconocimiento alguno por parte de ese cuerpo, en acto de desagravio para con el oficio, sus hermanos de profesión y las libertades ciudadanas, devuelvan en cada  comando regional de ese cuerpo los reconocimientos que en algún momento les fueron otorgados. Se propone de esta forma, por que así las cosas, el pretendido Honor no se divisa.

Alfredo Alvarez, CNP 5279

José Rafael Ramírez, CNP 3141